Traductor de francés

ALFONSO X Y LA ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO

Posted on 17/07/2014 · Posted in Historia de la traducción

Existe una cierta inclinación a relacionar siempre a la Escuela de Traductores de Toledo con el rey sabio (1221-1284)  cuando, en realidad, la creación de la misma se produjo en el siglo XII por obra del arzobispo de Toledo y gran canciller de Castilla, de 1126 a 1150, Raimundo de Sauvetât, un monje cisterciense de origen francés.

Sin embargo, su germen se encuentra en la presión que ejercieron sobre judíos y algunos musulmanes los ataques de los invasores almorávides y almohades que, durante los siglos XI y XII, obligaron a aquellos a emigrar hacia los reinos cristianos peninsulares del norte portando con ellos toda la sabiduría adquirida por la cultura árabe durante los últimos siglos

Así,  fue Toledo, desde 1085 ciudad cristiana conquistada por Alfonso VI de Castilla, la ciudad escogida para crear en ella el núcleo desde el que difundir toda esa cultura.

Entre los sucesores del fundador destaca Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo (1170-1247), conocido por ser autor de libros de historia y, sobre todo, por su participación en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que fue un actor destacado, y también los eruditos Domingo Gundisalvo (c. 1115- post 1190) y Juan Hispano (?-ca. 1180).

En un principio, la Escuela se inclinó por la ciencia: obras de medicina y  matemáticas, después por la astrología, astronomía y magia y, finalmente, por la filosofía, adquiriendo notoriedad en toda Europa, lo que produjo la llegada a Toledo de numerosos sabios extranjeros atraídos por los prodigiosos libros árabes. El escocés Michael Scot (Miguel Escoto) (ca. 1175- ca. 1232) será el autor de las primeras traducciones de Aristóteles y Averroes.

De verdadero éxito se puede calificar a las traducciones griegas, árabes y judías tras tantos siglos en que Europa estuvo sumida en  la penumbra de la cultura medieval. Aristóteles, hasta muy entrado el siglo XII, era apenas conocido. Sería a mediados del siglo XIII cuando, gracias a la labor de Avicena y Averroes, la obra aristotélica empezó a conocerse y se abrió el horizonte del pensamiento y la filosofía. Se comenzó a investigar la naturaleza basándose en la razón.

Se tradujeron obras de Ptolomeo, Galeno, Hipócrates, Euclides…, provocando un auténtico impacto cultural, y la teología pasó de ser una enseñanza pastoral ejercida desde el púlpito en las iglesias para convertirse en una disciplina académica.

Pero las traducciones de obras de autores paganos no gustó a la Iglesia que no tardó mucho tiempo en condenarlas.

Sería Alfonso X, con su llegada al trono, quien espolearía el centro con traducciones de tratados de astronomía, física, alquimia, matemática y también obras recreativas como libros de ajedrez, dados y tablas y recopilaciones de cuentos como Calila e Dimna ySendebar. Desde entonces las traducciones ya no se verterían al latín, sino al castellano con lo que el conocimiento abarcaría un espectro de lectores mucho más amplio.

Si a alguien, entre otros ilustrados, debemos el auge de la cultura en una época en la que se empezaba a vislumbrar el fin de la Edad Media es sin duda al rey sabio que ejerció su mecenazgo sobre toda clase de científicos, eruditos o trovadores. Si su trabajo no fue el de creador absoluto sí es cierto que dirigió el quehacer de sus traductores y seleccionó entre sus obras las de más valor.

A la  Escuela de Traductores de Toledo debe Europa en gran medida, y el trabajo de traducción en general,  su posterior desarrollo científico e intelectual.

R.M.M. Jordán
Historiador